CAP 3
Querido diario, hoy ha venido el sobrino de mi padrastro. Este fin de semana no hemos hecho nada especial, solo desempaquetar lo que quedaba en las cajas y adaptarnos a la nueva casa.
Esta mañana me fui a pasear a Boliche con la música puesta. Cuando salí de casa vi que alguien entraba por la puerta principal, me sorprendió mucho, ¡Era el chico que me robó el postre! Encima de que viene un chaval al que no conozco a mi casa, ¿¡Voy a tener que ser vecina de ese caradura!? Vaya ASCO de últimas vacaciones. Encima se me quedó mirando con cara de "¡Ay Dios Mío!". Yo ni me molesté en mirarle. Al menos estaba Brad.
Cuando volví a casa y entré por la puerta, noté que "él" ya había llegado. Más que nada porque estaban las maletas en la entrada. Y... Ahora que lo pensaba... ¡No sabía su nombre! ¡Mierda!
Entré a la sala de estar y mi sorpresa fue aún mayor. ¡El que me robó mi postre estaba hablando con mi madre! En ese momento me dio por rezarle a Dios para que él no fuera mi primastro.
-Ehmmm... ¿Hola?- Dije con voz de "¿¡Qué coño haces en mi casa!?".
-Ho-hola...- Dijo nervioso.
-Charly, te presento a Sean (Para la gente que no lo sabe se pronuncia "Shon"), tu nuevo compañero de habitación.- Dijo mi madre intentando calmar la tensión que se notaba en el ambiente.
Se me escapó un suspiro, y continué hablando.
-Encantada Sean, me llamo Charlotte, te lo digo básicamente para que no tengas la cara dura de llamarme "marginada" durante tu estancia aquí.-
Entonces fue como si el tiempo se parara, nadie dijo ni una sola palabra, ni un suspiro, ¡NADA! Al cabo de unos minutos, como siempre, mi madre intentaba calmar el ambiente.
-Bueno, ya que os conocéis, ¿Por qué no le enseñas dónde va a dormir?-
-Bien.- Dije seria y molesta de tener que compartir cama con semejante "engendro".
Le llevé a la habitación y dejó sus maletas.
-Ni se te ocurra desordenarla, ni robarme nada.- Dije dando media vuelta.
-Que estúpida...- Murmulló.
-Eres tú el que se ha acoplado a mi casa, nadie te ha pedido que lo hicieras y por mí puedes dormir en la calle.- Dije muy molesta.
Al ver que no respondía, agarré mis cascos y me fui a pasear, para olvidarme del mundo.
Al salir me encontré a Brad, y había dos chicos con él. Éste se giró y me vio.
-Hey, Angelito, ¡Qué alegría verte!-
-Hola Brad, ¿Qué tal estás?- Dije mientras me acercaba a ellos.
-Muy bien, ahora que estoy contigo.- Dijo ligando, como siempre.- Estos son mis amigos, Ian y Evan.- Añadió mientras los señalaba.
-Un placer, yo soy Charlotte, pero podéis llamarme Charly.- Dije con una sonrisa falsa. Después de lo que me había pasado, ¿Quién sonreiría de verdad?
Les eché un vistazo por encima. Ian parecía más tímido, pero era muy guapo, me encantó su sonrisa aunque tenía la mirada perdida. Sin embargo... Evan iba todo vestido de negro, tenia el pelo oscuro y largo y la piel blanca cual nieve en la cima de una montaña. Por su aspecto diría que era "emo" o "gótico". Los dos tendrían la misma edad que Brad, que a decir verdad no la sabía exactamente pero parecía tener uno o dos años más que yo.
-Hola... encantado...- Dijo Ian sonrojado y mirando al suelo.
-Hola Charly.- Dijo Evan mientras se apartaba el pelo de la cara.
En ese momento apareció una chica de la nada, salió corriendo y le pegó una buena patada en las partes bajas a Brad.
-¿Qué bicho te ha picado, Sally?- Dijo Brad encogido del dolor y dirigiéndose a la chica.
-¡Sé que me has cogido mi libro! ¿Dónde lo has escondido, idiota?- Dijo ella con mal humor y de brazos cruzados.
-¡Lo dejaste encima del estante, gilipollas!- Respondió aún quejándose de dolor.
-Ah si, tienes razón, no me acordaba.- Dijo con voz dulce y avergonzada mientras se tocaba el brazo derecho con la mano izquierda.
-Sally, esta es Charlotte, mi angelito.- Dijo Brad presentándome.
-Encantada, yo soy Sally su hermana menor. Pobre chica, ¿Estás saliendo con este "perro estúpido y pervertido"?- Dijo riéndose.
-¡No! ¡Es un apodo!, solo somos amigos. Y encantada, puedes llamarme Charly.- Dije riendo mientras me ponía roja.
-¡Ah hola Ian! Y... Hola... Evan... No os había visto.- Dijo. En realidad era extraño, pronunció "Ian" en un tono mas alegre que "Evan", alomejor le caía mal...
-Bueno, me tengo que ir, un placer de conoceros a todos.- Dije dándome cuenta de que se hacia la hora de comer.
-Adiós angelito. Oye, ¿Qué os parece si quedamos mañana a las 10 para ir a la piscina?- Dijo Brad.
A todos nos pareció bien. Entonces me marché a casa, donde sabía que había un ladrón esperándome.
Por la tarde, cuándo terminé de comer y de pasear a Boliche, entré a mi habitación, y faltaba mi pitufo de peluche. Salí corriendo y me dirigí a la sala de estar, donde estaba el "engendro" viendo los Simpsons en la TV y riéndose.
Ahora que me daba cuenta, su risa era melodiosa, y sus ojos verdes con toques marrones enamoraban. ¿¡Pero qué estaba diciendo!? ¡Era un ladrón, un flojo, un idiota y un violador, bueno lo último no lo tengo muy claro pero seguro que lo es!
-Eh tú, ¿Dónde coño está mi pitufo de peluche?- Pregunté enfadada.
-¿Y yo que sé? Ah y tengo nombre ¿Sabes?- Dijo mirándome mal.
-Me importa un pepino tu nombre, ¡Solo quiero el peluche, joder!-
-¡Que no se donde está, pesada! Y déjame ver los Simpsons de una vez.-
Ya echando humo cogí el mando de la TV, la apagué y lo escondí.
-Hasta que no aparezca mi peluche no veras tus Simpsons, ¡Así que ya estas dándomelo, niño!- Dije con voz burlona y cabreada.
-Joder, ¡Piérdete niña! ¡Ya te he dicho que no sé donde esta!- Dijo mientras se ponía un cojín en la cabeza y hacía como si durmiese.
Me di media vuelta al ver que le importaba un carajo lo que le dijera y me fui a darme una ducha con agua fría, para quitarme el estrés.
Cuando iba a salir me di cuenta de que no había cogido la toalla, y mamá y Harry habían salido a cenar por ahí. ¡Mierda!
-¡Niño!- Grité unas seis veces para que mi hiciera caso.
-¿¡Qué quieres, pesada!?-
-¡Nada tuyo, imbécil!- Dije sin pensar.
-¿Enserio? ¿Y para qué coño me llamas? Déjame en paz.- Dijo borde.
-Bueno sí, necesito mi toalla, está en mi habitación, el segundo cajón de la cómoda a la derecha. ¿Me la traes?- Dije con voz de no haber roto nunca un plato.
-¿Y qué gano yo?-
-Cenar.- Dije medio riendo.
-Vale, vale.- Dijo molesto.
Justo cuando me iba a traer la toalla me resbalé con el jabón de baño y me hice daño en la pierna.
-Toma la toalla.- Dijo con los ojos tapados.
-No me puedo levantar; me he caído, no puedo mover la pierna, ¡Ayúdame!- Le dije a punto de llorar del dolor.
-¿Y cómo te ayudo, con los ojos cerrados?- Dijo asustado.
Le cogí la toalla de las manos y me la puse encima para que no se viera nada.
-Ya puedes mirar, ¡Pero ayúdame!-
Entonces abrió los ojos, colocó mi brazo mojado sobre su cuello y me ayudo a levantarme. Estaba atemorizada, no podía moverme apenas, y la única ayuda que tenía era un chico que ni siquiera me caía bien. Entonces cuando me estaba poniendo de pie, me tembló la pierna y caí encima de él, y... ¿¡Cómo no!? La cosa empeoraba por momentos. La toalla se resbaló hacia abajo y por poco se me veían los pechos.
-L-lo siento.- Dije con voz temblorosa, mirándole a sus preciosos ojos, digo digo horribles ojos mientras me sonrojaba.
-N-no importa.-Dijo sonrojado y mirando a otro lado.
Entonces nuestras miradas se cruzaron tiernamente, y me comían las ganas de besar esos preciosos labios. ¿¡Pero en qué estaba pensando!? Él era como los demás, ¡Igual de idiota! Me había robado y criticado. Entonces me aparté e intenté ponerme de pie. Como no pude me senté en la tapa del vater.
-¿Podrías taparte los ojos mientras me pongo algo de ropa, por favor?- Pregunté aún roja como tomate.
Él se giró y se tapó los ojos. Cuando terminé de ponerme el pijama, me ayudó a ir hasta el salón, y puso mi pierna en alto. Después empezó a hacer la cena.
No se oyó nada en todo ese rato. Mientras cenábamos corté ese silencio.
-Muchas gracias por ayudarme y hacer la cena.-
-De nada, aunque no he podido cocinar nada mejor que una tortilla, ya que no hay mucho en la nevera.- Dijo él riendo.
-No importa; en realidad me lo debías, por cogerme mi peluche.- Dije aún molesta.
En ese momento apareció Boliche con el pitufo, intacto, pero baboseado, en la boca.
-¿Qué decías?- Dijo entrecerrando los ojos mientras se aguantaba la risa.
-Bueno... Creo que te debo una disculpa: Lo... siento...- Dije avergonzada mientras cogía mi peluche y lo metía en la lavadora.
-Bueno, en realidad es mi culpa, yo te di esa imagen en el instituto. Pero en realidad, no quería decirte esas cosas ni robarte, me retaron a hacerlo; ya sabes cómo son los chicos del instituto, si no haces lo que te piden... En fin, perdóname.- Dijo él avergonzado también.
-Bueno... Ya que está todo aclarado y tenemos que vivir juntos 3 meses... ¿Hacemos una tregua?- Dije alargando la mano.
Éste me dio la suya como tratado de paz. Después fregamos los platos y vimos una película de miedo que ponían en la TV.
BUENO, HICE ESTE CAPI COMO EL DOBLE DE LARGO, ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO :)
~NoMoriréCallada~

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