Cap 3
«Creo que has captado la idea, bien hecho.» esta vez no le vi el rostro, ni aquel esquelético cuerpo que tanto temor me infundía, simplemente no vi nada, sentía como si cayera en una inacabable oscuridad. «No lo hice por ti, lo hice porque quise.» Un escalofrío me recorrió la espalda, la voz se movió con el fin de susurrarme al oído lentamente: «Soy consciente de ello, no eres tan simple como los demás Carry, sigue así, no me decepciones.» Sonreí segura de mí misma y me giré para mirarle a esos confusos huecos descoloridos que tenía por ojos: «Yo nunca decepciono a nadie.»
Desperté perdiendo la noción de la realidad, no distinguía el sueño de la vida real, no parecía siquiera un sueño. El molesto sonido del despertador me hizo entrar en razón. Lo apagué y seguí con mi monótona rutina, pero hoy el título de la noticia del telediario había cambiado: ''Grupo de chicos de preparatoria descuartizados.'' Las letras acaparaban toda la pantalla del televisor. Sonreí cual feliz psicópata, me sentía una Diosa, luego volví en mí. No debía dejar que el poder me consumiera y se me subiera al enorme ego que ya tenía. Acabé de desayunar, cogí mi mochila y me dirigí al instituto en metro, nada nuevo.
Pasé las clases distraída, como siempre, pero la verdad era que no tenía necesidad alguna de atender. Mi cabeza iba incluso a una velocidad más rápida que de normal: ''Todos somos conscientes de qué es la muerte, pero hasta el otro día no había descubierto que había un ente que controlaba, por no decir que era la mismísima muerte. Sabiendo esto, no tengo por qué creer en un Dios, ni en un Demonio, sólo en él. La muerte es el único destino fijo y común que todos compartimos en esta vida, por lo tanto, él decide, él es el que tiene el poder. Se ha convertido en mi nuevo ídolo.''
Sonó el timbre que anunciaba la hora de comer. Busqué a Ayleen entre la multitud de personas sin rumbo buscando ''comida'', de haber sido un apocalipsis zombie, mucha no hubieran encontrado. (Cerebros, para los más espesitos c:) La llevé a la azotea y disfrutamos de unas indescriptibles vistas, acompañadas de la apetecible comida que nuestros respectivos familiares nos habían preparado.
-¿Por qué alguien como tú come aquí sola, pudiendo estar rodeada de gente que le admira?-
-¿Y por qué no? Nunca pedí que me admiraran. A ver, no me malinterpretes, a todos nos gusta que nos admiren, pero... En la admiración siempre hay cabida para los celos, el odio, la envidia, la impotencia... ¿Me explico?-
-Lo que daría yo por que los demás me tuvieran envidia.- Dijo con una expresión algo triste.
-Yo envidio tu ignorancia.-
-No sé si tomármelo para bien, o para mal.- Me miró desconcertada.
-Neutral, enserio envidio aquellos lejanos días donde no había necesidad de pensar, y a penas tenía responsabilidades. Pero tu ignorancia tiene un punto débil que no me gusta. La envidia es un sentimiento egoísta, no puede traerte nada bueno.- Le dije mientras me levantaba y me ponía a mirar el horizonte detrás de la barandilla de la azotea. Señalé al sol. -Imagina que soy yo. Todos los planetas giran entorno a él, ¿no?, ¿pero a caso él lo ha pedido?-
-Los astros no hablan.-
-Exacto, los astros no hablan. El sol un día se cansará de ser el centro del sistema y de que giren a su alrededor. Ese día explotará y se los llevará a todos por delante. Te contaré un secreto: soy una bomba de relojería con la cuenta atrás activada.- Dije seriamente.
-Creo que ahora lo entiendo un poquitito mejor.- Me sonrió dulcemente.
El timbre del fin del recreo cortó esa sonrisa que tanta paz me transmitía. El resto del día transcurrió sin novedad alguna. Volví a casa en metro al acabar las clases.
Al llegar a la estación más cercana a mi casa, divisé mientras salía por la puerta al ''chico enfadado con el mundo'' del otro día.
Se le veía cara de mala hostia. De repente, mientras maldecía silenciosamente a todo Quisqui, se tropezó con una peonza de madera que una niñita había ido a recoger segundos después.
-¿Pero qué coño te pasa niña? Tira a jugar con tu puta peonza a otro jodido lugar y deja de tocarme los huevos.- Dijo mientras se levantaba furioso del suelo. La niña salió corriendo con su peonza llorando.
''Será cabrón, lo del otro día pasa, ¡pero ésto es imperdonable! Hacer llorar a una pequeñaja... Este tipo de gente es tan imbécil... No deberían existir, pagar tus problemas con gente que no tiene la culpa no debería ser ni siquiera una opción.'' Pensé.
Luego, mientras él pasaba por la puerta, entrando al metro, deseé que se cerrara justo cuando pasara por enmedio. Apreté los puños fuertemente y pedí a la muerte, que era mi nuevo Dios, que le aplastara la cabeza y se le salieran los pocos sesos que tenía. Y cómo no, así fue...
Puse cara de espanto, y con mi gloriosa y potente voz femenina, chille como si hubiera visto un muerto, oh espera, sí, eso precisamente. Por fin hacía uso de las clases de teatro que tomé en primaria. Todas las mujeres presentes gritamos al unisono, como un glorioso coro edulcorado con un toque de espanto. Después de mucho tiempo, volví a sentirme viva, noté como por mis venas ya no corría sangre, sino adrenalina en su estado más puro.

sigue con la novela porfaa. que esta interesante. :P
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