Cap 1
El mundo... ¿Qué decir sobre él? Está hecho una mierda, pronto morirá... Y es por nuestra culpa, sí, los humanos somos los culpables; desde que aparecimos en la Tierra no hemos hecho más que perjudicarla y moldearla a nuestro antojo. Pensamos que nos pertenece... Y eso no es cierto. Por eso los humanos somos inútiles.
-Señorita Smith, ¿Sabe usted la respuesta?- El profesor interrumpió mis pensamientos.
Miré a la pizarra dos segundos, había una ecuación por resolver.
-Claro, la respuesta es 79, señor.-
-Correcto, como siempre...-
"Como siempre", una alumna ejemplar, alguien moldeada por la sociedad para ser "perfecta", esa era yo, Carry Smith. Responder a todo el mundo con una sonrisa no me suponía ninguna dificultad, lo complicado era callar todo el odio que guardaba en mi interior.
Acabaron las clases y me fui a casa en metro, como todos los días. Me senté en uno de los asientos delanteros, cerca de mí había un chico que parecía cabreado con el mundo, no hacía más que balbucear cosas como "joder" o "mierda". En la penúltima parada subió una señora de anciana edad.
-Disculpe, jovencito, ¿me dejaría sentarme? Estoy cansada...- Dijo amablemente dirigiéndose al chico.
-¡Señora, déjeme en paz y búsquese otro asiento!- Respondió él levantando el tono de voz.
-Oye niño, aprende a respetar a tus mayores, y si tienes problemas no la pagues con los demás, escoria.- Le miré con cara desafiante, reconozco que cuando me enfado puedo llegar a dar miedo, el chico se calló de inmediato, perro ladrador poco mordedor... -Señora, siéntese aquí, por favor.- me dirigí a ella sonriente, dejándole mi asiento.
-Muchas gracias, querida; como regalo tome esto.- Sacó una manzana de una bolsa y me la ofreció.
-Gracias.- Pronto anunciaron mi parada y salí mientras mordía la manzana que había ganado orgullosa.
Escoria, la raza humana cada vez me demuestra más que no son más que eso, escoria. Débiles, atemorizados, pero aún así tienen valor para hacer sufrir a los demás. Idiotas, ni ellos se entienden.
-He vuelto.-
-Bienvenida, hermanita.- Me recibió mi hermano menor con un fuerte abrazo. Tenía 13 años y yo 16, sin embargo yo me había saltado dos años, iba a preparatoria, y él seis años, iba ya a la universidad, es un genio. -He hecho guisado de patatas, como a ti te gusta.-
-¡Qué bien! Te quiero enano ¿te lo he dicho hoy?-
-No.-
-Pues ahora sí.- le toqué la nariz y dejé mi abrigo en el armario dirigiéndome a la cocina para cenar.
-¿Has visto a papa y a mamá?- Dije mientras comíamos.
-No, hoy no. Papá sigue en el laboratorio con su "nuevo invento mundial" y mamá en la universidad, dando clase.- Dos puros genios, conocidos por ello en toda la ciudad, cada uno tenía 3 carreras, y obviamente no nos faltaba el dinero, éramos una familia privilegiada.
-Hoy es Martes, tienen conferencia, lo olvidé.- Dije levantándome. Esta vez recojo yo la mesa, sé que mañana tienes examen y debes estudiar.
-Gracias, hermanita.-
Se retiró a su habitación; recogí los platos y luego los fregué. Mi rutina diaria siempre había sido así, mi hermano y yo nos hemos valido por nosotros mismos desde pequeños ya que nuestros padres casi nunca estaban en casa, nos turnábamos las tareas.
Tras haber limpiado las migas de la mesa subí a mi habitación y me puse el pijama; me metí en la cama, desde la cual podía ver las estrellas por la ventana. Pronto me quedé dormida observándolas.
Un hombre con bata negra y una capucha que le tapaba el rostro se acercaba a mí, todo estaba oscuro. Repetía una y otra vez mi nombre, «Carry». Y cuando estaba a menos de cinco centímetros de mí retiró su capucha dejando ver su rostro esquelético, solo huesos; tras descubrirse me gritó «¡¿Me estás escuchando?!».
Desperté sobresaltada. Y oí a mi padre chillar a lo lejos: "Susan, ¡¿Me estás escuchando?!" Ya habían vuelto a casa, los chillidos eran algo habitual ya que mi padre se desesperaba con su nuevo invento.
-Solo era un sueño...- Miré mi despertador, marcaba las 4:07 de la mañana. Aún era pronto, debía seguir durmiendo, pero no podía. "Esa figura me suena" era lo único que podía pensar.
De pronto recordé haberlo visto dibujado en algún cuento que me leía mi hermano cuando éramos pequeños. Me levanté y busqué en mi estantería aquel libro de tapa negra.
-Aquí estás.- Pasé las páginas una a una hasta encontrarlo. -¿L-la muerte?- Tenía miedo; oí un golpe, dejé el libro corriendo y volví a la cama atemorizada. Poco rato después quedé dormida de nuevo.
A la mañana siguiente sonó el despertador a las 8:00 a.m. como de costumbre. Me levanté y me duché; me vestí, me arreglé y bajé a desayunar. Estaba sola en casa, como cada mañana, y mi hermano me había preparado el desayuno. Luego marché al instituto en metro.
Durante toda la mañana no había parado de pensar en "la muerte". ¿Qué significaría soñar con ella?
En el recreo salí a la azotea a comer en mi esquina. Mientras me tomaba la comida que me había preparado mi hermanito oí a personas gritando. No estaba sola.
-Siempre estás sola y no hablas nada, ¿qué te pasa, zorra?- me asomé y vi a una chica pegándole patadas a otra más inocente, mientras dos más miraban.
-Déjame en paz.- Dijo la chica mientras lloraba. -Por favor, para, me haces daño.- no tuve valor para detenerla, se me cayó el tenedor al suelo del miedo. El ruido se oyó por toda la azotea.
-Mierda hay alguien aquí, esta vez te has salvado, pringada de mierda.- y las tres abusonas salieron corriendo.
Rápidamente dejé todo en el suelo y ayudé a la chica a levantarse, luego la llevé a enfermería. Tras dejarla, volví a la azotea a pensar en lo que había pasado y a terminarme mi comida.
No había sido capaz de pararla, me quedé mirando como una tonta... ¿Soy una cobarde?
Sonó la campana que indicaba el fin del recreo; ahora tocaba "hora libre" así que me fui a la biblioteca.
Ya allí, me puse en un ordenador y busqué "Qué significa soñar con la muerte". No había una respuesta concreta, pero todo apuntaba a maleficios y cosas escalofriantes. Me parecía extraño, era la primera vez que le temía a algo...
El resto de la mañana transcurrió corrientemente. Al salir del instituto aún no había anochecido, así que decidí ir a casa andando.
No dejaba de lamentarme, "Podría haberla ayudado, podría haberle detenido." Mientras pasaba cerca de un parque que parecía estar desierto la vi, era la chica de esta mañana, a la que no pude pararle los pies. No me lo pensé dos veces y fui a dejarle las cosas muy claras.
-¡Oye tú!- se giró y me reconoció.
-Oh, Carry Smith, que placer encontrarle por aquí.- me sonrió.
-Déjate de idioteces, puta falsa de mierda. Vi todo lo que le hiciste a esa pobre chica. Eres de lo peor, me das asco.- Apreté mi mano fuertemente; y fue entonces, cuando todo empezó.
Vi su cabeza rodar cuesta abajo y su cuerpo caer al suelo. ¿Qué había pasado? ¿Había sido yo?
Si me quedaba ahí seguro que me culparían y meterían en la cárcel, después de todo lo que le había dicho... Me tapé la boca con las manos para no chillar y salí corriendo, nadie más lo había visto.

Está muy interesante. Sigue son esta buenísima historia.
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